El
procesador de texto como herramienta educativa cada vez va tomando más énfasis
en el área educativa. Esto es porque es una herramienta pedagógica de primer
orden cuando se aprovecha sus potencialidades. El mayor conocimiento de un
programa aumento sus posibilidades, las funciones de corrección-mejora,
comunicación y colaboración se pueden aplicar con un dominio mínimo del
procesador de texto.
El
procesador de texto cumple varias funciones en el aprendizaje del alumnado:
1)
Como herramienta que mejora la presentación de lo escrito y su integración con
las imágenes.
2)
Como herramienta de reelaboración y, por tanto, de aprendizaje a través de la
corrección-mejora de lo realizado. Esta reelaboración puede darse de forma
individual, pero será más rica si se hace entre varios/as alumnos/as
(simultánea o consecutivamente) y en interacción con el profesorado.
3)
Como instrumento de mejora de la comunicación (intercambio). Aunque no es
imprescindible para dar a conocer o intercambiar lo realizado con otras personas,
la utilización de un procesador de texto y su impresión posterior mejora la
facilidad de lectura y la realización de policopias. Si se combina con correo
electrónico, presentaciones multimedia, etc., lógicamente se potenciará su
poder comunicativo.
4)
Como instrumento colaborativo para la realización de tareas. En este caso, se
trata de construir un texto "a medias", de forma simultánea (varias
personas piensan lo que escriben a la vez) o consecutiva (unos escriben o reescriben
a continuación de otros). También en este caso es cierto que el procesador no
es un instrumento imprescindible, pero amplía mucho las posibilidades de
colaboración, posibilidades que también se multiplican si lo integramos con la
comunicación telemática.







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